Ileana Torres Ruiz – Psicoterapeuta
A lo largo de la historia vemos a niñas y niños brincar, explorar, reír, convertir un simple papel en aviones o barcos, dibujar en el piso o en las paredes, dar vida a los juguetes, inventar batallas y aventuras con cubiertos, palitos o cualquier cosa que encuentren…
¿A qué se debe esta insistencia de niñas y niños en transformar los objetos en seres, esa necesidad de crear historias fantásticas e inventar juegos?
El juego, la fantasía y el dibujo son, por excelencia, las formas con las que las infancias comprenden el mundo, descubren sus cuerpos y construyen sus primeras nociones de identidad. A través del juego narran su historia, representan lo que viven y lo transforman. Son medios con los que expresar sus deseos, preguntas, miedos y alegrías.
Desde los primeros meses de vida el juego acompaña el descubrimiento del propio cuerpo y del entorno. Más adelante, se convierte en una vía para entender las relaciones humanas. Ya en la adolescencia, esa capacidad lúdica se transforma y da paso a la creación de proyectos vitales, sueños e ideales.
Las observaciones de Sigmund Freud y de Melanie Klein abrieron el camino para comprender el mundo interno infantil. Desde entonces, las y los psicoanalistas han encontrado en el juego una herramienta fundamental para acercarse al sufrimiento psíquico y conocer cómo se transforma la subjetividad en la infancia.
En la psicoterapia con niños, el juego libre se utiliza como lenguaje: permite comunicarse, conocer, acompañar, y ayudar a elaborar el dolor, las angustias y las preguntas que no siempre pueden expresarse con palabras, pero sí con dibujos e historias que surgen al jugar.
El juego es una necesidad vital en la infancia: permite crecer, desenvolverse y recrearse a sí mismos. Y también, como adultos, el juego puede ser una puerta para reconectar con la espontaneidad y la alegría que lo lúdico despierta en nuestra vida.
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