Ana Martínez Vázquez – Psicoterapeuta Psicoanalítica
Estos son algunos de los términos que podemos usar para referirnos a las personas que han tenido la suerte de vivir muchos años, acumulando experiencias, quereres, odios, sinsabores, placeres y tristezas. ¿Cuál de ellos es el más adecuado, pensando en que adecuado es aquel que contribuye a la salud mental y el que ayuda a que estas personas se sientan mejor?
Bien sabemos, desde el psicoanálisis, que nombrar a las cosas les da una importancia innegable. Muchos hemos visto en consulta la crisis de jóvenes por no saber si son novios o novias de quienes en ese momento les roban el corazón. El término es mi novia da una satisfacción tan solo por nombrarse. Cuando no se dice, parece que no se es nada, sin aparentemente importar el amor que la otra persona pueda sentir por uno. Desde la filosofía, las cosas se vuelven objetos cuando se nombran, no antes. Si nombrar es tan importante en muchos campos, pensemos mejor cómo hacerlo con estas personas expertas.
¿Abuelas y abuelos? Estos nombres pueden parecer muy amables, porque tener nietas o nietos parece ser muy placentero, pero resulta que estos términos remiten a la reproducción, tanto de la persona en cuestión como de sus hijos o hijas. No todas las personas se reproducen, muchas por decisión, otras por condición. Este término, si por ejemplo se usa con alguien que no ha sido abuela porque no fue madre puesto que no pudo, puede generar una desazón que no queremos producir. Además, no son abuelos ni abuelas de todos los que así los nombran. Entonces, como no todos los humanos se reproducen y las personas en cuestión no son abuelos o abuelas de todos los que quieren nombrarlos, entonces no es conveniente usar estos términos para bautizar a las personas que han vivido muchos años.
¿Viejos y viejas? Esto parece molestar porque estos nombres se han usado durante mucho tiempo de manera despectiva y eso aún no hemos logrado cambiarlo. En realidad, somos viejos y viejas, del mismo modo que los adolescentes son jóvenes, los infantes son niños y niñas, y también hay adultos que son señoras y señores. Viejos y viejas serían los mejores términos, si logramos revestirlos de respeto y no de desprecio. A la vejez hay que darle la importancia que tiene, reconociendo el valor de la experiencia, motivar la autonomía de las personas, su poder de decisión y fortalecer el yo. Si el viejo y la vieja se asumen como tales, estaremos más lejos de infantilizarlos y estarán mentalmente más saludables. Hay que fortalecerse y admirarse desde la vejez, superando el complejo de Benjamin Button … ¿Benjamin Button? ¿De qué estamos hablando? ¿Qué es ese complejo? … Benjamin Button vendrá en un próximo blog.
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