11 agosto, 2025

Del descanso a la exigencia: el impacto emocional del regreso a clases

Fabiola de la Parra, psicoterapeuta psicoanalitica.

Cada agosto se repite la misma coreografía: útiles escolares nuevos, chats de mamás activados, horarios que se reorganizan, loncheras listas desde días antes. Sabemos todo lo que hay que hacer. Lo que no siempre sabemos —o queremos saber— es qué hacer con lo que se siente.

El regreso a clases no es sólo un asunto de mochilas. Es una transición emocional que no aparece en el calendario. Se cierra una etapa de descanso (o al menos de menor estructura) y se abre otra con exigencias, separaciones y expectativas. Y como toda transición, conlleva una pérdida.

Del lado de los adultos, también hay desgaste. No sólo el económico y logístico, sino el emocional: sostener el regreso propio y el ajeno. Contener la ansiedad que no se dice, los berrinches, el desgano, la culpa, la resistencia. La exigencia de “arrancar bien” cuando ni el cuerpo ni el vínculo están listos.

Sabemos muy bien lo que se “debe” hacer, pero nadie enseña qué hacer con el enojo, el miedo o la apatía del niño que no quiere volver. No hay check list para eso.

Y es ahí donde aparece lo clínico: lo que no se nombra, se actúa; lo que no se sostiene, se desborda.

Volver a clases no es sólo regresar a la escuela: es también enfrentarse al deseo de quedarse un poco más en la pausa. Y eso, también, merece ser escuchado.

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