28 julio, 2025

El dinero en la pareja

Alejandra Martín Michavila, Psicoanalista de Centro K y clínica privada.

Hablar sobre dinero implica explicitar temas del poder y control, desmitificar el amor, desnudar ideologías, despertar fantasmas, destapar resentimientos de la vida interaccional y también es hablar sobre sexo y género. Hablar de dinero involucra valores, hábitos y expectativas a nivel personal que, en ocasiones se dan por sentadas en la pareja.

Lamentablemente, las creencias sociales sostienen que el hombre que no tiene dinero ni posibilidad de control sobre el dinero “no es nadie” … no es sujeto de ser amado ni valorado. Su reconocimiento y dignidad personal están más fundamentadas en la reafirmación de sus intereses sociales y productivos. Por otro lado, existe la premisa de que las mujeres económicamente autónomas e independientes, que no requieren de la protección económica del hombre, se pueden quedar solas y sin amor. En ellas, el amor ocupa un lugar preponderante e incondicional, producto de múltiples condicionamientos psíquicos y sociales. 

Los hombres gozan del privilegio legítimo de poder desarrollarse personalmente y aquellos que apoyan, permiten y/o contribuyen al desarrollo personal de la mujer son vistos con admiración por su generosidad. En cambio, la generosidad de la mujer radica en alentar y fomentar el establecimiento de vínculos afectivos entre hijos y padres. De la mujer depende principalmente la promoción de la búsqueda de su realización personal, independencia y autonomía económica y afectiva. Quien pierde privilegios no fomenta el cambio. 

Actualmente existen ciertos resentimientos por cambios de expectativas atribuidas a los roles tradicionales:

  • En el hombre, implica no poder zafarse de la responsabilidad que la sociedad le atribuye como principal proveedor, sin poder seguir disfrutando de cuidados por parte de la esposa abnegada.
  • En la mujer, el precio que sigue pagando por su independencia económica continúa siendo muy alto. Ser económicamente independiente no implica ser autónoma, ya que debe ocultarlo, ocuparse de labores de casa y de la familia que ha construido. Se cree que la mujer debe esforzarse hasta tener un ahorro económico y una reserva emocional que le permita irse cuando se requiera. Esta creencia confirma que el dinero es un arma para defenderse y que las relaciones de pareja son un campo de batalla donde se enfrentan conflictos y violencias.

Las consecuencias sobre el control del dinero implican una perpetua dependencia y una postura infantil. Además, se descalifica la capacidad organizativa y se exacerba la responsabilidad acerca del gasto. En nuestra cultura, existe un control ejercido por medio del goteo (dar estrictamente lo necesario para restringir el sentido de libertad), que contrasta con regalos exorbitantes elegidos arbitrariamente, los cuales dejan “mal parado” a quien se queja de recibir poco (acto mistificatorio). Este sistema de control mantiene un juego mutuo de poder y dependencia en la pareja.

Detrás de la dependencia económica de algunas mujeres se oculta el temor a exhibirse como sujetos responsables que afrontan diferencias, disidencias y desamores. Por ejemplo, es común que se tenga una tarjeta de crédito que es una extensión pagada por el otro. Esto abona a la falsa creencia de libertad y autonomía, cuando en realidad solo se retroalimenta la modalidad de control y dependencia. La tarjeta de crédito puede utilizarse como instrumento de agresión y reactividad. Es un instrumento sutil de ejercer el poder a través de tácticas refinadas. 

Algunas mujeres tienden a esconder dinero que les pertenece. Esto surge de la idea de que es ilegítimo tener dinero propio. Las mujeres han introyectado inconscientemente que el mandato de que la disponibilidad económica es una actitud transgresora. El hombre en cambio, crece con el mensaje social y cultural de que el dinero le pertenece, deben generarlo, administrarlo y exhibirlo

Lo ideal sería que la mujer tuviera el derecho de tener dinero propio, pero para ello es necesario romper con el sistema de creencias ideológicas propias del sistema patriarcal. Sin la autonomía de las mujeres, el hombre tampoco es libre y ambos quedan atrapados en una red de dependencias mutuas. Lo que se propondría es combatir la sexuación del dinero, asumiendo la transgresión como un comportamiento de desobediencia que lleva al cambio.

Hablar de dinero y de su manejo en la pareja es complicado, muchas veces surgen silencios o se dan por hecho ciertas dinámicas. El silencio se puede librar desde la victimización (lo cual va dejando resentimiento) o desde la complicidad (que encubre estafas mutuas). Los espacios entre cada miembro se distinguen por ser reales y simbólicos, dentro de los cuales fluye el dinero común e individual. La proporción y equilibrio entre ambos, repercuten en la armonía de los intercambios y dan cuenta de la real distribución de espacios (no solamente económicos) dentro de la pareja, así como del grado de movilidad y autonomía que cada uno acepta para sí mismo y para el otro.

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