Mtro. Olaf Hernández, – psicoanalista.
Texto dedicado a mis pacientes
El pasado 28 de junio se conmemoró el Día Internacional del Orgullo LGBTQI+, el cual tiene sus orígenes en los disturbios de Stonewall ocurridos en un pub del Barrio de Greenwich en Nueva York, ya que en la década de los 60´s la homosexualidad era criminalizada en EUA e incluso los lugares de encuentro y reunión de la comunidad LGBTQ+ estaban prohibidos y se les consideraba ilegales. Estas revueltas de resistencia fueron encabezadas por mujeres trans-negras como lo son Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, quienes junto con otras personas de ese lugar se rebelaron en contra del acoso y persecución por parte de la policía. Stonewall solamente fue el inicio. En 1970 comenzaron las primeras marchas del orgullo alrededor del mundo, y México tuvo su primera marcha el 29 de junio de 1979 para protestar contra las llamadas “razzias”, que eran redadas organizadas por cuerpos policiacos para aprehender e intimidar a las personas pertenecientes a la diversidad sexual.
¿Qué tiene que ver el orgullo con el psicoanálisis? ¿Por qué es importante hablarlo ahora, cuando los disturbios de Stonewall ocurrieron hace más de 50 años? ¿Qué tanto ese ambiente de represión y persecución ha quedado atrás? Lamentablemente, pareciera que ha habido un retroceso en el tiempo y esa ideología de aquellas décadas se empieza a perpetuar en el discurso de líderes políticos que cada vez dan menos cabida a la experiencia subjetiva de la diversidad entre las personas, privilegiando de nueva cuenta aspectos como el binarismo de género y el sesgo patológico ante la experiencia trans.
Si bien la concepción patológica y la condena ante las diversas orientaciones sexuales e identidades de género son parte de una realidad externa, tienen una repercusión en nuestra mente. Desde una edad muy temprana, las personas LGBTQI+ al escuchar ese tipo de discursos, suelen crecer con la idea de “que hay algo mal”, “algo que es diferente a lo esperado”. También las hace proclives a vivir agresiones por tener una manera distinta de ser con respecto a la expectativa heterosexista. Incluso, si se piensa en un sentido más amplio, todos esos prejuicios es como si se fueran almacenando en el inconsciente, lo que provoca desde los primeros años de vida que las personas se encierren en un clóset que sienten que los protege en algunos casos, pero que también priva a las personas de vivir con libertad y con autenticidad; o bien, las personas llevan una especie de doble vida donde hay una parte de la personalidad que permanece cautiva y avergonzada, con enojo y resentimiento por no poder vivir y mostrarse como se es en realidad.
La homosexualidad deja de ser concebida como un trastorno mental en 1973 y no fue hasta el 2018 que la transexualidad dejó de considerarse como tal en la clasificación internacional de enfermedades. ¿Cómo poder vivir una vida plena siendo una persona gay, lesbiana, trans o bi ante un discurso que concibe la propia existencia como una enfermedad? De ser así, por lo tanto, sería algo que “curar”. Lo anterior dio lugar a las aterradoras terapias de conversión que afortunadamente han sido prohibidas; sin embargo, esa mirada desde la patología deja huellas y marcas, que tienden a convertirse posteriormente en cuadros de depresión, ansiedad o incluso estrés postraumático.
Recordemos la famosa carta que Freud escribe a la madre de un paciente homosexual en 1935, en la cual menciona que la homosexualidad no es algo de lo que se deba avergonzarse y califica como una injusticia que se le trate como un crimen. Aun así, desafortunadamente hubo quien dentro del ámbito psicoanalítico trabajó en tratamientos para poder corregir la homosexualidad y las identidades de género no conforme. Fue hasta el año 2019 que la Asociación Americana de Psicoanálisis ofreció una disculpa pública por esto, ya que sólo contribuyó en favorecer la discriminación.
Hoy, en pleno 2026, aquellos discursos estigmatizantes e invalidantes parecen resurgir. No olvidemos que a veces han sido internalizados y que pueden albergar en nuestro mundo interno y de ahí definir nuestra relación con el exterior. El psicoanálisis debe seguir apostando por una clínica de escucha y validación ante la población LGBTQ+, la cual se aleje de esa mirada desde la patología y ayude al sujeto a reconocer y habitar su deseo. Es cuando el deseo se acepta como tal que la vida comienza a tener sentido, cuando la angustia puede ser tolerada y la inhibición cede.
El aceptarse como se es en realidad es reconocer que no solamente se es una identidad de género o una orientación sexual. Somos todo aquello que hemos vivido, las experiencias dolorosas, las satisfactorias, el amor, nuestros vínculos. También somos un legado de una historia colectiva en la cual hubo quienes se atrevieron a levantar la voz en contra del estigma y la discriminación. Es cuando esto puede ser pensado y sostenido cuando podemos hablar de orgullo.
Bibliografía:
Hertzmann, L., & Newbigin, J. (2023). Psychoanalysis and homosexuality: A contemporary introduction. Routledge.
American Psychoanalytic Association. (2022). An apology to the LGBTQ+ community. https://apsa.org/wp-content/uploads/2022/10/StonewallApology.pdf
Freud, S. (1935). Letter to an American mother [Carta]. Reimpresa en E. Freud (Ed.), Letters of Sigmund Freud (1951, pp. 423–424). Basic Books.
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