Ana Martínez Vázquez – Psicoanalista, clínica privada, miembro de CentroK
Es difícil la jubilación porque puede sentirse como la decisión final, y porque ocurre después de muchos años (la mayoría) colaborando con una empresa y haciendo un trabajo determinado. Después de 30 ó 40 años trabajando con pocos descansos, de pronto una persona lo deja y pasa a ser una persona jubilada. Pasa de tener que madrugar y correr al trabajo a no tener qué hacerlo, lo que algunos lo visualizan como que el tiempo se vuelve elástico.
La pregunta que surge es ¿y después qué? ¿Qué se hace ahora con ese tiempo elástico y con esa falta de actividades fijas que uno tenía que hacer cuando pertenecía al grupo laboral? Por un lado, la elasticidad del tiempo suena agradable, pero por el otro la falta de actividades predeterminadas puede generar situaciones de tristeza y ansiedad. Lágrimas y risas van de la mano en la jubilación, y por eso a muchas personas les cuesta tomar la decisión de jubilarse. Se suma también que la jubilación, si no la tomamos como una parte de la vida diferente y merecida, nos puede colocar en lo simbólico en las puertas de la muerte.
¿Qué puede ocurrir en la psique cuando una persona se jubila? Lo primero es que cambia de identidad; pasa de persona trabajadora a persona jubilada. Si además la persona está atravesando por la madurescencia que ya se explicaba en otro blog, de la que se volverá a hablar de ella próximamente, entonces tenemos una situación de inestabilidad y malestar emocional. Es una situación que tiene semejanzas con la adolescencia. La persona adolescente tiene que pensar su carrera profesional y decidir a qué se va a dedicar en los próximos 30 ó 40 años … ¡de hecho tiene que decidir a qué se va a dedicar hasta que se jubile! Se cierra así un círculo de la misma forma en la que se abrió, con un cambio de identidad que se produce por una variación importante en el ámbito social y laboral, todo ligado a la edad.
La transición a la jubilación puede acompañarse con más risas que llantos si se planea con anticipación, porque se puede ir cambiando la identidad poco a poco. Desde el psicoanálisis hablamos de fortalecer del Yo en el cambio, y de tramitar la madurescencia de la misma forma en que tramitamos la adolescencia en su momento. Bueno, no de la misma forma exactamente, pero finalmente tramitarla para situarse mentalmente en un mejor lugar.
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