25 agosto, 2025

Tormentas afuera, tormentas adentro ¿La mente también se inunda?

Dr. Manuel Acevedo G. Lic. Psicología

Actualmente es común ver en las noticias o presenciar directamente las inundaciones que han acontecido, no sólo en la ciudad, sino en distintas partes del país. Vemos los rostros de personas que ya no pudieron llegar a sus destinos, o peor aún, cuando el agua se lleva todo: sus casas, sus autos, su patrimonio. 

Digo “todo” porque en esos momentos de crisis no hay más. También se inunda la mente; en esos momentos no sólo se inunda la calle, sino también se llenan de agua los pensamientos, las emociones, los recuerdos y la vida misma. Cuando el agua nos rebasa, más que una toalla, necesitamos a alguien que nos contenga y que sepa sostener lo que sentimos. 

En los ejemplos mencionados más arriba — una persona que ve cómo su patrimonio se lo lleva el agua, alguien que no sabe dónde está su familia o inclusive quien se queda atrapada en su auto bajo el viaducto inundado —: el cuerpo vive un trauma, aunque no se diga. Es entonces cuando importa la escucha, una vez que la persona está a salvo: preguntar si ya comió, qué necesita o si quiere llamar a su familia para avisar que está bien.

Frases o preguntas tan sencillas, pero tan necesarias, como: ¿Estás bien? ¿Qué necesitas? abren la puerta a posibilidades de ayuda inmediata. Palabras que validan sin minimizar lo vivido, por ejemplo: Lo que pasaste es fuertísimo, es normal que estés sintiendo eso. Ayudan a que la persona tome conciencia de lo que pasó y encuentre fuerza ante ello. 

El alma no siempre se seca como las calles. Por eso, si después de una crisis aparecen síntomas como insomnio, miedo o culpa, es necesario y sano buscar ayuda. Toda herida, tanto física como emocional, sana mejor cuando se atiende. 

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