9 febrero, 2026

El ocaso de la pareja y la diversidad de vínculos amorosos: el poliamor

Olaf Omar Hernández Ortiz – Psicoterapeuta Psicoanalítico

Julia Kristeva decía:Ser psicoanalista es saber que todas las historias acaban hablando de amor. En el consultorio, continuamente llegan pacientes demandando análisis, ya sea porque algo sucede con el amor a sí mismos o bien por el amor hacia los otros que los rodean: el amor hacia sus padres, a su familia, el amor hacia sus amistades o bien a su ¿pareja? Pongo en interrogación la palabra pareja con toda intención, por la razón de que a veces solemos suponer que los pacientes van a tener una única pareja. Hay un ideal social de crecer, conocer a alguien, casarse y tener el tan anhelado “vivieron felices para siempre”, proveniente de lo que se conoce como amor romántico, pero esto no siempre es así. El amor romántico es una idea que exalta una pasión desbordada por las personas que representan “el amor de nuestras vidas”. La idea del amor romántico no es nueva, ya que su origen se ubica a finales del siglo XlX … ¡cuánto tiempo ha pasado desde entonces!, pero no hay que olvidar que el psicoanálisis surgió en estos albores. 

La idea de amor romántico subsiste en el siglo XXI; sin embargo, hoy, en la sociedad de la inmediatez, proliferan las aplicaciones de ligue o las redes sociales que permiten tener encuentros instantáneos, donde el otro aparece como una opción dentro de un catálogo lleno de gente que busca desde una amistad hasta encuentros anónimos con una o más personas. La satisfacción del deseo, aunque sea parcial, parece estar al alcance de un swipe o un like. Es imposible pensar que esto no ha permeado en nuestra forma de vincularnos y, por supuesto, en la concepción del amor, dando lugar a alternativas que contradicen la idea de pareja exclusiva, como los swingers, las relaciones abiertas y, por supuesto, el poliamor

La psicoanalista Irene Meler (2017) señala que la historia nos ofrece otro modelo de relación amorosa, donde se ubica el poliamor. Este término viene del griego (poli, varios) y se refiere a tener múltiples relaciones románticas, a menudo a largo plazo, todas al mismo tiempo, por mutuo acuerdo, con honestidad y transparencia. En otras palabras, los sujetos establecen más de una relación íntima y afectiva con otras personas de manera consensuada. Dentro de las relaciones poliamorosas hay diversidad, ya que existen relaciones en las que una persona puede tener dos parejas que no tienen un vínculo romántico entre sí, pero también están las triaejas, en dónde las tres personas están involucradas, y las polículas, término utilizado para describir una red romántica de varios cuyos miembros tienen un vínculo estrecho (Veaux & Rickert). 

Así como hay diversos modos de vinculación, también existen distintos desafíos que enfrentan estas configuraciones vinculares. María Pallotta-Chiarolli (2020) menciona algunos de ellos, por ejemplo, el sesgo de que son menos valiosas las relaciones poliamorosas que las relaciones monógamas o que son propias de personas promiscuas, dándoles una mirada desde la patología

En el psicoanálisis se le abre la puerta a estas configuraciones vinculares diversas a través de una escucha empática y sin sesgo. Se pone en práctica algo similar a lo que señalaba Joyce McDougall (1998) con respecto a las neo-sexualidades: “Mientras estos guiones no causen sufrimiento ninguno de los partenaires, nosotros no tenemos ninguna razón para desearles a estos pacientes nuevas metas eróticas, si esta es nuestra ambición ¡El problema es nuestro y no de ellos!”. 

En el psicoanálisis no hay deseo de dirigir a las parejas hacia una relación heteronormada monógama. Si eso pasara, estaríamos lejos de poder escuchar que todas las historias acaban hablando de amor, como decía Kristeva.

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