Marcos Ibarra Infante – Psicoterapeuta Psicoanalítico
El objetivo central de esta reflexión es abrir un debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el psicoanálisis y su uso creciente para auto diagnosticarse y para la recurrente consulta del “saber qué me pasa” de parte de los usuarios jóvenes, y otros no tanto, de esta tecnología.
De entrada, es importante no satanizar a la tecnología, ninguna es buena o mala por sí misma, depende del uso que se le dé y de los resultados que produzca. Tenemos ejemplos de personas cuyo “consejo” obtenido de la IA les sirvió para hacer más llevadera una crisis o una duda sobre sentimientos de angustia o tristeza que los agobiaba. Pero también existen casos desafortunados que la utilizaron para justificar “patologías” que los llevaron a cometer comportamientos violentos y otros donde los resultados que les arrojó la IA solo incrementaron su ansiedad o depresión, o al menos los dejó con mayor confusión mental que antes de la consulta.
La IA hace uso de algoritmos y procesos que le permiten aprender y conectarse con múltiples subsistemas que se especializan en tareas específicas para responder de manera inmediata a las instrucciones o solicitudes que le hacen, eso le permite, entre otras cosas, acceder, clasificar y analizar, de forma amplia, literatura, investigaciones, reflexiones y opiniones que existen sobre un determinado tema y presentarlo en orden de importancia y coincidencia con la consulta y, además, de manera casi simultánea, la IA también procesa, analiza y sistematiza el historial de búsquedas, solicitudes y consultas que ha realizado el usuario para establecer un patrón de preferencias y, con ello, responder acorde a su historia y lo que el sistema asume “coincide” más con lo que el usuario “desea” saber.
Esta forma de procesamiento es muy útil si estamos buscando conocimiento sobre conceptos generales, teorías, o sobre ciertos síntomas. Por ejemplo, si le consulto a la IA sobre mi falta de sueño, buscará de la información existente y seleccionará las casusas físicas, biológicas y mentales más comunes, además, derivado de nuestro historial de búsqueda, si alguna vez consultamos sobre una ruptura amorosa y su impacto en nuestro sueño, seguramente la información hará énfasis en la tristeza y/o la melancolía por la separación de un ser querido como posible fuente del padecimiento; ello a pesar de que ya ni recordemos aquella búsqueda realizada previamente. Es decir, obtenemos una visión de toda la teoría disponible que desde luego es impresionante, pero al momento de la especificidad sobre la persona que consulta, el resultado puede ser engañoso e incompleto. Nuestro historial de búsquedas no puede determinar los conflictos internos, sentimientos, y situaciones vinculares que nos llevaron a dichas búsquedas ni mucho menos la situación por la que pasamos en ese momento.
Ahora bien, en la clínica de psicoterapia psicoanalítica el terapeuta siembre está parado sobre dos metodologías fundamentales para procesar toda la información que recibe del paciente: la nomotética y la ideográfica. La segunda, tiene que ver con los conocimientos sobre teorías psicoanalíticas y metapsicológicas, así como de otros casos que pueden ser similares o aplicables al caso del paciente, algo que la IA hace muy bien. Pero la primera, requiere que el terapeuta ponga especial atención a la singularidad del caso y del paciente, que entienda a través de la llamada “atención flotante” su historia y su situación actual, pero que también ponga en juego su propio inconsciente para conectar con la transferencia y contratransferencia que genera el paciente a partir de su propio inconsciente y esto, hasta el momento, no lo puede realizar la IA.
Para la clínica de la psicoterapia psicoanalítica ambas metodologías de trabajo son necesarias y obligatorias para ayudar a un paciente en su malestar mental, e incluso, se debe agregar un elemento más que es el vínculo analítico que, partir de la empatía, también apoya el exitoso desarrollo del proceso terapéutico, y esto tampoco, hasta el momento, lo puede hacer la IA.
En conclusión, el contacto humano es fundamental para el proceso terapéutico y este no puede ser sustituido en este momento y en mi opinión nunca lo será, por la IA, pero, el apoyo que nos puede ofrecer en el procesamiento de teórico y metapsicológico puede ser fundamental para mejorar nuestros procesos terapéuticos.
El gran reto en este momento es informar sin satanizar el verdadero alcance que puede tener la IA en materia de salud mental.
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